POR
FRANCISCO JAVIER RUIZ QUIRRÍN
PARA
“EXAMLOVERS”: “EL DINOSAURIO HA REGRESADO A PALACIO”
HERMOSILLO.- ERAN LOS
TIEMPOS de la supremacía del PRI, donde el Presidente era omnímodo y
superpoderoso. Quien le contradijera o le lanzara una crítica, significaba
cavar su tumba en el mundo de la política.
Se escucha muy feo y hasta duele
escribirlo, pero en aquella época algunos definían a la política como “la
capacidad de comer mierda y todavía saborearla delante de los demás”.
Habrá qué admitir que a partir de los
últimos 30 años, al darse la legalidad de la pluralidad de las ideas aumentando
el rango de Democracia en México, la figura presidencial comenzó a perder
reverencia.
Luego vinieron mandatarios como Vicente
Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, donde se perdió todo respeto por el
Presidente de México. Y habría qué establecer una diferencia entre la crítica
propositiva y las groserías a los titulares del Poder Ejecutivo Federal.
Algunos de ellos abonaron en realidad
para alentar esas faltas de respeto.
En nuestros días, sin duda, sigue
habiendo temperamentos abyectos e incondicionales al Presidente López Obrador,
pero su propio estilo alienta la decepción de muchos de sus seguidores.
Existen ejemplos como el de la senadora
Lilly Téllez, que no ha ocultado su indignación cuando ha sido atacada por sus
mismos “compañeros” al negarse a seguir la “línea” de MORENA en el Senado de la
República, porque esas ideas simple y llanamente no van con ella
Y no ha engañado a nadie. Desde que
asumió el cargo dijo que tenía sus propios valores que no necesariamente
comulgaban con las ideas de un partido que la impulsó en campaña, pero del cual
ni siquiera es militante.
Para Lilly, -mucho más periodista que
legisladora-, el haber renunciado a la bancada del partido de AMLO en el
senado, le ha permitido abrirse con libertad en su pensamiento.
Ayer, haciendo valer su capacidad de
crítica, escribió en su cuenta personal de Twitter un mensaje directo al
Presidente: “En campaña, benditas redes; en el poder, malditas”.
La actitud de la senadora sonorense es
un ejemplo del coctel político de nuestros días, donde se combinan la libertad,
la congruencia, la dignidad y la decepción no por un proyecto y sí por una
persona.
Tenemos también el caso de Porfirio
Muñoz Ledo, veteranísimo símbolo de la inconformidad en vuelta en un mundo de
ideas que han buscado transformar a México.
Dejó el PRI para buscar mayor
democratización de la vida en el país y lo logró y sólo las diferencias
personales le llevaron a no seguir lineamientos de una izquierda ideológica ya
superada por la historia en todo el mundo.
Y decidió seguir a Andrés Manuel López
Obrador. Creyó en su proyecto. Creyó en él. En el arranque del sexenio, en
2018, difícilmente encontraríamos a un personaje tan abyecto al presidente de
la “4-T”.
Nunca pudo pensar Porfirio, que el ADN
del PRI, aquel que vivió al lado de Luis Echeverría y José López Portillo, (de
quienes fue cercanísimo colaborador) estaba vivo dentro de la sangre y el
cerebro de quien creó MORENA como instrumento para llegar al poder.
Muy pronto, como presidente de la mesa
directiva de la Cámara de los Diputados, Muñoz Ledo se dio cuenta que el
dinosaurio, intolerante y omnipresente, estaba de regreso en palacio nacional.
Ahora, no sólo don Porfirio critica abiertamente
la antidemocracia y la abyección de “morenistas” en la Cámara de Diputados que
sólo levantan el dedo, como en los viejos tiempos del PRI; también se ha
atrevido a denunciar corrupción, tal y como lo hiciera en 1988, cuando junto a
Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo e Ifigenia Navarrete, entre otros,
fundaron el Partido de la Revolución Democrática, renunciando a aquel PRI
corrupto.
En anteriores años, no era válido hablar
de dignidad y de congruencia ante un poder central intolerante y castigador.
Ahora sí es válido hacerlo, pero ante el
regreso del dinosaurio en Palacio Nacional, la dignidad y la congruencia de
algunos, también decepcionados, se toparán con pared.
Es el México de nuestros días, envuelto
en un ominoso pasado que, pensamos todos, ya no regresaría jamás.


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